miércoles, 1 de febrero de 2017

Hemos querido mostrar que Ramón Acín era, ante todo, una buena persona

ENTREVISTA A JUAN PÉREZ Y DANIEL VIÑUALES, AUTORES DE ‘LA BONDAD Y LA IRA’:  Óscar Senar  www.viñetario.com
El 19 de julio de 1936, tras declararse la sublevación militar que pondría fin a la II República y desencadenaría la Guerra Civl, Ramón Acín se vio obligado a ocultarse tras un armario en su casa. Libertario y pacifista, hombre de artes y letras, los fascistas le andaban buscando. En ese estrecho habitáculo pasaría dos semanas de encierro, largos días en los que a buen seguro tuvo tiempo de poner en orden sus recuerdos...  En ‘La bonda y la ira’, Juan Pérez y Daniel Viñuales imaginan cómo fueron aquellos últimos momentos de Acín.
¿Cómo surge la idea de llevar la vida de Ramón Acín al cómic?
Juan Pérez: Daniel y yo quedamos a tomar cervezas a menudo. En una de estas, hablando de posibles proyectos con personajes aragoneses, salió el nombre de Ramón Acín. Cuando le conté su historia a Daniel, que ya la conocía en parte, vimos que era un material excelente para un cómic. A partir, de ahí, hice una intensa labor de documentación para escribir el guión y nos pusimos a trabajar.
¿Cómo se condensa una vida tan intensa como la de Acín en apenas 72 páginas?
J. P.: Até la historia en base a una idea principal: lo buena persona que fue Ramón Acín. Podía hablar de que fue pedagogo, escritor, artista... Pero no quería mostrar qué era, sino cómo era. Con este punto de partida, el argumento salió solo: todas sus facetas tenían origen y se podían explicar por su forma de ser.
Frente al anarquismo de acción violenta, que es la imagen que ha prevalecido en el imaginario colectivo, Acín defendía el pacifismo.
J. P.: El movimiento anarquista es muy poliédrico. Había pistoleros, sí, pero también personajes como ‘El noi del sucre’, que creían que las ideas anarquistas y revolucionarias se podían alcanzar sin recurrir a la violencia, a través de la educación. Acín se encuadraba en ese grupo de profesores y pensadores.
Ramón Acín fue un personaje clave en la Sublevación de Jaca, algo que queda reflejado en el tebeo.
J. P.: Acín era una pieza crucial del plan, ya que, una vez la columna de sublevados alcanzara Huesca, iba a ser nombrado alcalde de la ciudad. Su implicación es tal que el fracaso de la intentona le obligó a salir al exilio, dejando a su familia en Huesca.
En las páginas de ‘La bondad y la ira’ también se refleja lo importante que fue la familia para Acín.
J. P.: En su familia puso en práctica sus ideas, dando a sus hijas una educación muy determinada. Aunque apenas cursó un año de Universidad, era muy culto, como se ve en las citas que hace de los clásicos en sus textos, y esa pasión por la cultura la transmitió a su familia. También su filosofía de vida, que su mujer Conchita compartía. Por ejemplo, practicaban el naturismo, se bañaban desnudos en el río, algo que producía rechazo en la sociedad oscense.
¿Cómo fue su relación con esa sociedad oscense?
J. P.: Hubo episodios contradictorios. Cuando Conchita iba camino de ser fusilada, los vecinos le gritaron insultos. Eran, en parte, los mismos que el 14 de abril de 1931 fueron a la puerta de su casa a celebrar la proclamación de la República, a los que salió a saludar en nombre de Ramón, que todavía no había llegado del exilio. Así que Huesca tuvo una relación de amor-odio con Acín: fue muy querido, porque tenía muchos amigos, pero quizás no fue entendido. En cualquier caso, es bastante significativo que el monumento de las Pajaritas no fuera nunca retirado, ni siquiera durante el Franquismo.
Una de las anécdotas que aparecen en ‘La bondad y la ira’ es cuando a Acín le toca la lotería. La mayoría de los afortunados se gastaron el dinero en construir chalés, pero él...
J. P.: Ramon Acín fue quien le explicó a Buñuel la situación de Las Hurdes, y el de Calanda le dijo que gustoso haría una película sobre esa región, pero que no tenía dinero. Acín, en broma, le dijo que se la pagaba él, pero cuando le tocara la lotería... Y eso fue justo lo que ocurrió unos meses más tarde. Con el dinero, no solo financió el rodaje, sino que compró un coche para ir juntos hasta Las Hurdes. Buñuel nunca olvidó ese gesto, y décadas después, ya en los años 70, le escribió a Katia Acín, la hija mayor de Ramón, para devolverle el dinero con los intereses. Es un episodio que refleja muy bien cómo era Ramón y cómo le apreciaban sus amigos; también que Conchita tenía la misma forma de pensar que él, ya que mientras el resto de ganadores se gastaba el premio en chalés, a ella no le importó que Ramón lo invirtiera en una película.
¿Cómo ha sido llevar al lenguaje de las viñetas el guión?
Daniel Viñuales: El salto entre ‘Saputo’, mi anterior trabajo, y ‘La bonda y la ira’ ha sido muy grande. No estoy acostumbrado a trabajos tan serios, ya que mi estilo habitual va más por la aventura y el monigote, por eso aquí he invertido mucho trabajo. A la hora de caracterizar a Acín, me he dejado llevar por el entusiasmo de Juan hacia el personaje, que me ha ayudado mucho a definir su aspecto y personalidad.
Una vez más, huyes de lo convencional a la hora de planificar las páginas y viñetas.
D. V.: Prefiero pegármela a que me acusen de cobarde... He intentado arriesgar en cada una de las viñetas para darle dinamismo a la historia, darle la vuelta a los planos convencionales para que cada pasaje tenga la perspectiva de Ramón Acín. Me busco retos yo solo.

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